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  • Productos complejos y no complejos en el sector bancario

    13 marzo, 2020
    ¿Qué es un producto bancario complejo y cómo afecta a cada cliente en el desarrollo de una reclamación? Tipologías de productos y clientes y su comercialización

    1. Desarrollo de jurisprudencia en derecho bancario.

    El aumento de la jurisprudencia dictada en la ultima década en el ámbito del derecho financiero para corregir los excesos de algunas entidades bancarias en la comercialización de productos financieros ha dado lugar a una serie de terminologías y clasificaciones.

    En este artículo trataremos de esquematizar tanto productos como tipología de clientes con la pretensión de resultar útil tanto al lego en la materia que busque una información sencilla y asequible como a aquellos que dan sus primeros pasos de forma profesional en este ámbito.

    Por tanto, expondremos cómo se categorizan legalmente los productos financieros que pueden ser comercializados en los mercados financieros por las entidades financieras así como las diferentes tipologías que se otorgan en nuestra legislación a los clientes de dichas entidades.

    2. Productos no complejos.

    A raíz de la entrada en vigor de Mifid I, los productos financieros que pueden ser comercializados en las diversas entidades financieras se clasifican en dos grandes grupos: productos complejos y no complejos.

    En este sentido, ya la Ley 47/2007 ya identificaba en su artículo 79bis (actual articulo 217.1 del TRMLV) las características que deben reunir los instrumentos financieros para considerarse como no complejos:

    1. Las acciones admitidas a negociación en un mercado regulado o en un mercado equivalente de un tercer país o en un SMN, cuando se trate de acciones en sociedades, y excluidas las acciones en instituciones de inversión colectiva distintas de los organismos de inversión colectiva en valores mobiliarios (OICVM) y las acciones que incorporen derivados.
    2. Los instrumentos del mercado monetario. Quedan excluidos los que incluyan derivados o incorporen una estructura que dificulte al cliente la comprensión de los riesgos en que incurre.
    3. Las obligaciones u otras formas de deuda titulizadas, admitidas a negociación en un mercado regulado, en un mercado equivalente de un tercer país según lo dispuesto en la letra a), o en un SMN, excluidas las que incorporen derivados o incorporen una estructura que dificulte al cliente la comprensión de los riesgos en que incurre.
    4. Las participaciones y acciones en OICVM, excluidos los OICVM estructurados contemplados en el artículo 36.1, párrafo segundo, del Reglamento (UE) n.º 583/2010.
    5. Los depósitos estructurados, excluidos aquellos que incorporen una estructura que dificulte al cliente la comprensión de los riesgos en que incurre, en lo que respecta al rendimiento o al coste de salida del producto antes de su vencimiento.

    3. Productos complejos.

    En definitiva, con lo visto en el punto anterior y por utilizar un lenguaje mas coloquial que el establecido en la ley podemos decir, a modo de resumen, que serán productos no complejos la renta variable admitida a cotización en mercados regulados ( acciones bursátiles), la deuda pública, las instituciones de Inversión Colectiva de modo general y la renta fija privada.

    Por el contrario, serán productos complejos todos los demás, tales como los bonos convertibles, los productos subordinados, las participaciones preferentes, los fondos de inversión libres, los cfd´s y los productos derivados tales como Futuros, Opciones, Warrants, Swaps, etc…​

    4. Tipología de clientes.

    La entrada en vigor de la Ley 47/2007 impuso a las entidades bancarias la obligación de clasificar necesariamente a sus clientes en una de las siguientes tres categorías: clientes minoristas, clientes profesionales y contraparte elegible.

    Al igual que con la clasificación de los productos financieros, la ley elige una formula negativa para identificar a:

     Los clientes minoristas al definirlos en el articulo 204 del actual TRLMV como “ todos aquellos que no sean profesionales”; es decir, será minorista todo aquel que no haya sido categorizado como profesional o contraparte elegible.

     

    Los clientes profesionales vienen definidos en el articulo 205 del TRLMV como “aquéllos a quienes se presuma la experiencia, conocimientos y cualificación necesarios para tomar sus propias decisiones de inversión y valorar correctamente sus riesgos.” si bien su apartado 2 deja a un futuro Reglamento la posibilidad de determinar que clientes serán en todo caso categorizados como profesionales.

    Así mismo el articulo 206 del TRMLV indica que también podrán ser categorizados como clientes profesionales “el resto de clientes no incluidos en el artículo 205, entre los que se incluyen los organismos del sector público, las Entidades Locales y el resto de inversores minoristas, que lo soliciten con carácter previo y renuncien de forma expresa a su tratamiento como clientes minoristassi bien puntualizando que “en ningún caso se considerará que los clientes que soliciten ser tratados como profesionales poseen unos conocimientos y una experiencia del mercado comparables a las categorías de clientes profesionales establecidas reglamentariamente en virtud del artículo 205”

     Este articulo deja clara la idea de que no deben considerarse las categorías legales como compartimentos estancos siendo posible el cambio de categoría siempre que el cliente lo solicite y se cumplan los requisitos legales.

    5. Clientes especialistas y con experiencia.

    Por ultimo, una tercera clasificación de cliente trataría sobre aquellos profesionales con la máxima experiencia, conocimiento y capacidad financiera en los mercados de valores y por tanto tienen el menor grado de protección prevista en la ley. Podría definirse como una sub-categoría de clientes profesionales. Son los recogidos en el articulo 207 del TRMLV:

    1. Las empresas de servicios y actividades de inversión.
    2. Las entidades de crédito.
    3. Las entidades aseguradoras y reaseguradoras.
    4. Las instituciones de inversión colectiva y sociedades gestoras de instituciones de inversión colectiva.
    5. Las entidades de capital-riesgo, otras entidades de inversión colectiva de tipo cerrado y sociedades gestoras de entidades de inversión colectiva de tipo cerrado.
    6. Los fondos de pensiones y sus sociedades gestoras.
    7. Otras entidades financieras autorizadas o reguladas por la legislación europea o por el Derecho nacional de un Estado miembro.
    8. Los gobiernos nacionales y sus servicios correspondientes, incluidos los que negocian deuda pública a escala nacional, Bancos Centrales y organismos supranacionales. También tendrán dicha consideración las entidades de terceros países equivalentes y las Comunidades Autónomas.

    Eugenio-Luis-Rodriguez
    Eugenio Rodríguez
    | Socio LEAN Abogados

    Especialistas en Derecho Bancario

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