• inicio
  • mercantil
  • el contrato de deposito
  • El contrato de depósito mercantil y civil

    14 marzo, 2020
    Algunos de los aspectos principales que configuran y definen el contrato de depósito y su carácter civil o mercantil.

    1. ¿Qué es el contrato de depósito?

    Para abordar el concepto del contrato de depósito, sus principales notas definitorias y, en atención a las mismas, las diferencias entre el depósito civil y mercantil, podemos partir de lo establecido en el artículo 1.758 del Código Civil, que determina que “se constituye el depósito desde que uno recibe la cosa ajena con la obligación de guardarla y de restituirla”.

    De tal y tan escueta enunciación podemos extraer una definición más o menos aproximada de qué se entiende por contrato de depósito: aquel mediante el cual una parte (depositante) entrega a otra (depositario) una cosa para que este la reciba, custodie durante tiempo determinado y la restituya cuando el primero así lo requiera.

    Es, por tanto, la obligación de guarda y custodia, la que se constituye como causa central del contrato de depósito y en torno a la cual se configuran el resto.

    Otra de las características esenciales del depósito es su carácter real, siendo la entrega o puesta a disposición de la cosa (“datio rei”) una condición imperativa para la perfección del contrato.

    En cuanto al objeto del contrato de depósito, el Código civil establece en su art. 1.761 que deberá recaer sobre cosas muebles, como consecuencia lógica del necesario desplazamiento posesorio que ha de tener lugar del depositante al depositario.​

    2. Principales diferencias entre el depósito civil y mercantil

    Como hemos visto, el contrato de depósito aparece regulado con carácter general en el Código Civil, haciéndose necesario, para poder establecer las notas diferenciadoras entre este y el contrato de depósito mercantil, acudir a la regulación que de este último contiene el Código de Comercio.

    Así, dicho texto legal en su artículo 303 recoge una serie de características cuya concurrencia determinará el carácter mercantil del depósito:

    1. Que el depositario, al menos, sea comerciante.
    2. Que las cosas depositadas sean objeto de comercio.
    3. Que el depósito constituya por sí una operación mercantil, o se haga como causa o a consecuencia de operaciones mercantiles.

    Se ha debatido en la doctrina si, a la vista de la regulación que del depósito mercantil ofrece el Código de Comercio, es o no precisa la confluencia de las tres características, de forma cumulativa, para poder apreciar la existencia de un contrato de depósito mercantil. Aunque la cuestión no es pacífica, la doctrina mayoritaria se ha inclinado por considerar que ello no resulta estrictamente necesario, siendo suficiente con que el depósito constituya una operación mercantil, entendiendo que así se desprende de una interpretación conjunta de los artículos 303 y 310 del Código de Comercio, al establecer este último (con independencia de la concurrencia de los requisitos a los que alude el artículo 303, que el 310 no menciona) que los depósitos verificados en bancos, almacenes generales, sociedades de crédito u otras compañías, se regirán por el Código de Comercio con preferencia a las reglas del Derecho común.

    Establecido el carácter mercantil del depósito, una de las diferencias de mayor trascendencia la constituye el hecho de que el contrato de depósito mercantil se presumirá que tiene carácter oneroso, propio de cualquier operación en el tráfico mercantil, al tratarse de un servicio que presta el depositario al depositante y que justifica la existencia de un precio, mientras que el Código Civil, en su artículo 1.760, predica la gratuidad del depósito, salvo que las partes acuerden lo contrario.  

    3. Algunas notas de interés con respecto al contrato de depósito.

    Tras la breve aproximación realizada al concepto del contrato de depósito y tras el esbozo de las líneas que marcan la diferencia entre su carácter civil o mercantil, analizaremos seguidamente de forma resumida algunas de las notas de interés que definen el contrato aquí analizado y las principales obligaciones que del mismo se derivan para las partes contratantes.

    Como elementos subjetivos del contrato de depósito, ya sea civil o mercantil, se encuentran las figuras del depositario y el depositante, a los cuales resultan exigibles una serie de obligaciones y deberes concretos.

    Entre las obligaciones fundamentales del depositario, además de la ya aludida obligación de restitución, se encuentra la de guarda y custodia de la cosa dada en depósito. La diligencia exigible al depositario en relación con su obligación de guarda y custodia dependerá de si nos encontramos ante un depósito civil o mercantil: en el depósito mercantil se atenderá a la diligencia que resulte exigible conforme a la “lex artis”, siempre más cualificada que la que resulta exigible en el depósito civil (en el que se exige el estándar de diligencia que correspondería a un “buen padre de familia”).

    Atendiendo a las obligaciones del depositario (tanto de restitución de la cosa, como de su debida guarda y custodia), se ha entendido que nos encontramos no solo ante una obligación de resultado (que concurre evidentemente respecto de la restitución de la cosa objeto del depósito), sino también de medios, muy especialmente en el depósito mercantil, donde el deber de custodia va más allá del deber de vigilancia de la mercancía objeto del depósito, exigiéndose al depositario disponer de todos los medios a su alcance para proteger y mantener inalterada la mercancía en depósito.

    No estará facultado el depositario para destinar el objeto del depósito a fin alguno. Así, aunque el Código Civil prevé dicha posibilidad cuando medie permiso expreso del depositante, establece que el contrato perderá en tal caso el carácter de depósito, transformándose en un contrato de préstamo o comodato.

    El depositario responderá, por regla general, de los menoscabos en la cosa depositada. La diligencia exigible al depositario adquiere especial relevancia en estos supuestos (menoscabos en la cosa objeto de depósito), muy especialmente en el caso del depósito mercantil, al prever el art. 306 del Código de Comercio la obligación del depositario de responder de todos los menoscabos, daños y perjuicios que se produzcan por su malicia o negligencia, e incluso los que provengan de la naturaleza o vicio de las cosas cuando no hubiere hecho por su parte lo posible para evitarlos o remediarlos, avisando además al depositante tan pronto se hubieren manifestado.

    Cuando los depósitos sean de numerario o se entreguen sellados o cerrados, sin perjuicio de que deberá asumir el depositante los incrementos o disminuciones de su valor, los riesgos de los mismos serán de cuenta del depositario, salvo concurrencia de fuerza mayor o caso fortuito, cuya prueba incumbirá siempre al depositario.

    En cuanto al lugar de la restitución, establece el art. 1.774 del Código Civil que deberá ser aquel designado por las partes, siendo los gastos a cargo del depositante. De no haberse designado lugar alguno, la restitución se producirá en el lugar en que se halle la cosa depositada, aunque no fuera el mismo en que se hizo el depósito.

    Entre los deberes del depositante, además de su evidente obligación de entregar la cosa y/o mercancía objeto del contrato de depósito (requisito fundamental para su perfección), en el contrato de depósito mercantil (y, en caso de pacto, también en el contrato de depósito civil) deberá abonar la retribución pactada entre las partes al depositario. En el depósito civil, el depositante estará obligado a reembolsar al depositario los gastos en los que haya incurrido para la conservación de la cosa, así como a indemnizarle los perjuicios que el depósito le haya producido, facultándose al depositario a retener en prenda la cosa depositada hasta que le sean abonados dichos gastos y perjuicios. Algún autor entiende que dicha previsión, contenida en los artículos 1.779 y 1.780 del Còdigo Civil, no será de aplicación a los contratos celebrados en el marco de una operación mercantil, dado que la retribución pactada entre las partes ya debe integrar estos conceptos y justifica la reciprocidad de las prestaciones.

    Teniendo siempre presente que, como en cualquier otro ámbito, al estudiar el contrato de depósito podría profundizarse en la materia tanto como se quisiera, los analizados son algunos de los aspectos principales que configuran y definen el contrato de depósito y su carácter civil o mercantil.

    Especialistas en Derecho Mercantil

    Llamada gratuita 900 102 722

    O, si lo prefieres, te llamamos

    Loading
    Call Now ButtonLlamada gratuita
    Share This