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  • La regulación de los contratos de compraventa internacionales

    11 julio, 2020
    Al no existir una norma internacional que regulara en su totalidad los contratos de compraventa mercantil entre diferentes países, se observó la necesidad de establecer una serie de principios denominados “soft law”

    En los últimos años hemos asistido a un vertiginoso proceso de internacionalización de las contrataciones entre empresarios. Esto ha evidenciado la necesidad de desarrollar nuevos instrumentos normativos que configuren un marco regulatorio uniforme y que, ante la complejidad que han adquirido las transacciones a medida que se ha extendido y ha aumentado la actividad comercial internacional, doten de una mayor seguridad jurídica a las operaciones comerciales formalizadas en dicho ámbito.

    La Convención de Viena de 1980 supuso el hito fundamental en torno al cual se ha desarrollado la formación e interpretación de los contratos de compraventa mercantil en el plano internacional. Con el fin de dar respuesta a las necesidades ya apuntadas, su máxima aspiración inicial era dotar de un marco común a las transacciones internacionales, ya que hasta ese momento predominaba una suerte de nacionalización de los contratos que obstaculizaba el pleno desarrollo de las relaciones comerciales y generaba inseguridad jurídica entre los operadores por la imposibilidad de prever los riesgos que conllevaba cada transacción.

    No sin dificultades, la Convención de Viena logró la unificación de diferentes factores que, previamente a su entrada en vigor, eran sumamente dispares. Entre ellos se encuentra la conciliación del Civil Law y el Common Law (PERALES Y LEIVA 2000, p. 865). A pesar del carácter universal con el que fue redactada, dado que ese era el fin último de su entrada en vigor, son las partes contratantes, independientemente del país en el que se encuentren, las que decidirán si regirán su relación comercial por lo previsto en la Convención de Viena (o más bien, quienes podrán excluir de forma expresa su aplicación, total o parcialmente). Es, por todo ello, un instrumento jurídico fundamental que se encuentra a disposición de los estados firmantes para facilitar las relaciones comerciales y responder a los cuestionamientos propios de su evolución, con una clara influencia del derecho anglosajón, lo que justifica su carácter dispositivo a los efectos de evitar problemas de interpretación entre países de tradición jurídica diversa. (CRUCELAGUI 2005, pp.32, 33).  De conformidad con lo expuesto, regirá las compraventas de mercaderías internacionales que celebren operadores comerciales en diferentes estados, siempre y cuando los mismos tengan su establecimiento en Estados Contratantes o cuando las normas de derecho internacional privado prevean la aplicación de la ley de un Estado Contratante, y siempre que los comerciantes no hayan excluido su aplicación. 

    En concordancia, al no existir una norma internacional que regulara en su totalidad los contratos de compraventa mercantil entre diferentes países, se observó la necesidad de establecer una serie de principios denominados “soft law”, en los que se basaba la Lex mercatoria, entendidos como un instrumento jurídico supletorio del derecho de los tratados internacionales (MARTINEZ CAÑELLAS 2004, p.352). Con todo ello, en 1994, el Instituto para la Unificación de Derecho Privado (en adelante, Unidroit), estandarizó lo que hoy conocemos como los “Principios para los Contratos Comerciales Internacionales”, tras una extracción de las bases sobre las que se había producido el crecimiento y la extensión de la compraventa mercantil, en relación con los diferentes ordenamientos jurídicos. (CRUCELAGUI 2005, p.34). Los mencionados principios se encuentran a disposición de las partes contratantes para regular sus transacciones. Y así lo señala el preámbulo del texto, debiendo ser los intervinientes quienes acuerden su aplicación y decidan obligarse, haciendo referencia expresa en el contrato a este aspecto.

    Así las cosas, contemplan una serie de criterios orientativos, que tratan de equilibrar las posiciones e intereses contractuales mediante una interpretación teleológica de la intención de las partes, conforme a los usos y costumbres comúnmente aceptados en la práctica, resultando de utilidad para guiar el entendimiento de lagunas o cuestiones contradictorias que surjan en la ejecución de un contrato y en la aplicación de convenios internacionales (CRUCELAGUI 2005, p.35). Algunas de las cuestiones más relevantes sobre las que arrojan luz los principios Unidroit son las siguientes:

    • Formación del contrato y apoderamiento de representantes
    • Validez de las cláusulas contractuales
    • Equilibrio de las prestaciones
    • Interpretación de los contratos
    • Supuestos de cumplimiento e incumplimiento

    Todo ello nos lleva a cuestionarnos cómo conviven estos principios en la práctica con la Convención de Viena y el resto de textos internacionales. Acerca de esta cuestión aportan claridad las conclusiones de CRUCELAGUI (2005, p.42), centrándose en analizar la prevalencia de uno u otro marco normativo en los siguientes dos supuestos:

    • El primero es aquel en el que las partes, en el contexto de una compraventa internacional que quede dentro del ámbito de aplicación de la Convención de Viena, no se han pronunciado sobre el derecho que les será de aplicación y, sin embargo, sí han hecho mención expresa sobre la vinculación de los Principios Unidroit. En tal caso, serán ambos textos de aplicación a la operación mercantil, pero los Principios Unidroit prevalecerán sobre la Convención de Viena, ya que, como hemos apuntado, la Convención de Viena permite a las partes pactar la exclusión de su aplicación, prevaleciendo la elección expresa de las partes contratantes. En consecuencia, la Convención de Viena no resultará de aplicación en aquello que se oponga o no sea compatible con los Principios Unidroit.
    • Para el supuesto de que las partes hayan previsto en el contrato obligarse de acuerdo con los dos textos mencionados, resultarán vinculantes ambos, pero con prevalecimiento de las normas de la Convención de Viena por poseer un carácter más específico (lex specialis derogat generali).

    Finalmente, es preciso mencionar el gran reconocimiento que han obtenido en la práctica los Principios Unidroit, probablemente debido a que en su redacción participaron juristas de reconocido prestigio, procedentes de diferentes tradiciones jurídicas que, de igual manera, participaron en la Convención de Viena, lo que hizo posible la redacción en un mismo sentido, con el firme propósito de orientar las contrataciones transfronterizas hacia la uniformidad, la armonización y el reconocimiento de una serie de normas comunes en la contratación internacional.

    Patricia Villota Palacio | Socio LEAN Abogados

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