1. La historia de la hipoteca multidivisa

La fiebre por las hipotecas, bueno, la fiebre por tener una casa y, por tanto, una hipoteca, viene de mucho tiempo atrás. Es algo muy español, muy latino quizás, el hecho de tener una casa, TU CASA, en propiedad. Por ese motivo, allá por 2005, se empezaron a disparar las conversaciones sobre hipotecas porque todo el mundo tenía una. Una o dos, qué más daba. Todo el mundo compraba casas y todo el mundo pedía hipotecas; todo el mundo sabía de financiación y de préstamos y se hablaba constantemente sobres las bondades de unos u otros bancos. Se discutía día sí y día también sobre si era mejor pedir un tipo de hipoteca en un sitio o en otro, si eran mejores las hipotecas a tipo fijo, a tipo variable y, algunos, los más innovadores, defendían las bondades de las hipotecas en divisas. ¿Por qué? Porque el banco se lo había dicho.

Se discutía también si era conveniente hacer, además, una reforma con lo sobrante de la hipoteca; se hablaba de tasaciones, suelo, metros cuadrados, pintura, parqué y gotelé. Bueno, el gotelé era algo que se mencionaba sólo cuando había que quitarlo. El caso es que ahí quedaron esas conversaciones. Pero un día las cosas fueron a peor, las casas se dejaron de vender y la gente dejó de pedir hipotecas. Un país que construía más casas que Alemania, Francia, Italia y Reino Unido juntos (más de 800.000 viviendas) dejó de colocar ladrillos. Llegó la crisis y volvimos a hablar de fútbol.

 

Y el tiempo pasó, porque el tiempo es inexorable y, un buen día, algunos de los antaño orgullosos propietarios de las innovadoras hipotecas multidivisa, se llevaron una desagradable sorpresa.

La fiebre por las hipotecas, bueno, la fiebre por tener una casa y, por tanto, una hipoteca, viene de mucho tiempo atrás. Es algo muy español, muy latino quizás, el hecho de tener una casa, TU CASA, en propiedad. Por ese motivo, allá por 2005, se empezaron a disparar las conversaciones sobre hipotecas porque todo el mundo tenía una. Una o dos, qué más daba. Todo el mundo compraba casas y todo el mundo pedía hipotecas; todo el mundo sabía de financiación y de préstamos y se hablaba constantemente sobres las bondades de unos u otros bancos. Se discutía día sí y día también sobre si era mejor pedir un tipo de hipoteca en un sitio o en otro, si eran mejores las hipotecas a tipo fijo, a tipo variable y, algunos, los más innovadores, defendían las bondades de las hipotecas en divisas. ¿Por qué? Porque el banco se lo había dicho.

Se discutía también si era conveniente hacer, además, una reforma con lo sobrante de la hipoteca; se hablaba de tasaciones, suelo, metros cuadrados, pintura, parqué y gotelé. Bueno, el gotelé era algo que se mencionaba sólo cuando había que quitarlo. El caso es que ahí quedaron esas conversaciones. Pero un día las cosas fueron a peor, las casas se dejaron de vender y la gente dejó de pedir hipotecas. Un país que construía más casas que Alemania, Francia, Italia y Reino Unido juntos (más de 800.000 viviendas) dejó de colocar ladrillos. Llegó la crisis y volvimos a hablar de fútbol.

 

Y el tiempo pasó, porque el tiempo es inexorable y, un buen día, algunos de los antaño orgullosos propietarios de las innovadoras hipotecas multidivisa, se llevaron una desagradable sorpresa.

Las previsiones de mejora realizada por el Banco Popular no se cumplían, y el transcurso del tiempo no hacía sino empeorar la situación, siendo los principales afectados los propios clientes: sufrieron devaluaciones en sus inversiones de alrededor del 70%, siendo empujados por el propio Banco a realizar varias conversiones de emisiones de bonos posteriores o aceptar ofertas de recompra por acciones en el caso de los bonos subordinados obligatoriamente convertibles. Adicionalmente, la totalidad de la deuda subordinada y las emisiones de bonos no canjeados a fecha 6 de junio de 2017 fueron convertidas en acciones de nueva emisión del Banco Popular en el marco de la resolución ordenada por la Junta Única de Resolución (JUR). Tras la compra por parte del Banco Santander por el precio simbólico de 1 euro de la totalidad del capital social del Banco Popular, las pérdidas se traducen en un 100% de la inversión.

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En las hipotecas multidivisas, el cliente contrata el producto en euros, pero las cuotas y la cantidad a amortizar se recalculan periódicamente en otra divisa elegida, que suele ser en yenes o en francos suizos. ¿Qué se consigue con esto? Pues que, en esa época con un euro creciente frente a esas divisas, la cuota tendía a reducirse. ¿Cuál era el peligro? Pues, lógicamente lo opuesto: si el euro se devaluaba frente a esa divisa, la cuota para el cliente podía subir de una manera importante.

Si, era un riesgo, pero un riesgo que, en aquellos días de vino y rosas, los bancos no advirtieron a sus clientes. Y cuando llegó la crisis y el euro se devaluó, las consecuencias para sus usuarios han sido catastróficas. Miles de afectados por las hipotecas multidivisa se encontraron años después con que, después de haber pagado las cuotas durante una década, debían en euros mucho más del dinero de lo que pidieron al comprar el piso.

En las hipotecas multidivisas, el cliente contrata el producto en euros, pero las cuotas y la cantidad a amortizar se recalculan periódicamente en otra divisa elegida, que suele ser en yenes o en francos suizos. ¿Qué se consigue con esto? Pues que, en esa época con un euro creciente frente a esas divisas, la cuota tendía a reducirse. ¿Cuál era el peligro? Pues, lógicamente lo opuesto: si el euro se devaluaba frente a esa divisa, la cuota para el cliente podía subir de una manera importante.

Si, era un riesgo, pero un riesgo que, en aquellos días de vino y rosas, los bancos no advirtieron a sus clientes. Y cuando llegó la crisis y el euro se devaluó, las consecuencias para sus usuarios han sido catastróficas. Miles de afectados por las hipotecas multidivisa se encontraron años después con que, después de haber pagado las cuotas durante una década, debían en euros mucho más del dinero de lo que pidieron al comprar el piso.

Bankinter, Barclays, Banco Popular, La Caixa y Deutsche Bank, entre otros, se aprovecharon de la bonanza de los tipos de interés durante aquellos años. Sin embargo, no contentos con eso, decidieron sacar todavía más colocando a quién pasara por ahí préstamos hipotecarios con opción multidivisa, asegurando que iban a pagar menos cuota, dado que el préstamo estaba referenciado a un tipo de interés (yen japonés o franco suizo, normalmente) mucho más bajo del que estaba el Euribor durante ese tiempo. Y no había más. Esa era la única información que las entidades les daban a sus clientes. Información sesgada y que en ningún caso especificaba el tremendo riesgo al que se estaban enfrentando.

 

Parece evidente que la información facilitada era insuficiente, cuánto menos, para que gente con escasa o nula formación financiera tomase esa decisión “a la ligera”. Es más, según se ha comprobado, cuando el cliente se quería informar más profundamente, el banco le inducía al error encargándose de explicarle que era, no una, si no “la” opción más aconsejable.

 

Queda claro, según las últimas sentencias del Tribunal Supremo y el Tribunal de Justicia de la Unión Europea, que las entidades de crédito, lejos de actuar del modo legalmente exigible, permitiendo que sus clientes conocieran a priori el tipo de préstamo hipotecario que iban a suscribir, ofrecieron una información incompleta, engañosa y sesgada, la cual indujo a la mayoría de los clientes ahora deudores de dichas hipotecas, a contratarlas sin poder comprender el verdadero contenido, el riesgo, y el alcance de la misma.

Bankinter, Barclays, Banco Popular, La Caixa y Deutsche Bank, entre otros, se aprovecharon de la bonanza de los tipos de interés durante aquellos años. Sin embargo, no contentos con eso, decidieron sacar todavía más colocando a quién pasara por ahí préstamos hipotecarios con opción multidivisa, asegurando que iban a pagar menos cuota, dado que el préstamo estaba referenciado a un tipo de interés (yen japonés o franco suizo, normalmente) mucho más bajo del que estaba el Euribor durante ese tiempo. Y no había más. Esa era la única información que las entidades les daban a sus clientes. Información sesgada y que en ningún caso especificaba el tremendo riesgo al que se estaban enfrentando.

 

Parece evidente que la información facilitada era insuficiente, cuánto menos, para que gente con escasa o nula formación financiera tomase esa decisión “a la ligera”. Es más, según se ha comprobado, cuando el cliente se quería informar más profundamente, el banco le inducía al error encargándose de explicarle que era, no una, si no “la” opción más aconsejable.

 

Queda claro, según las últimas sentencias del Tribunal Supremo y el Tribunal de Justicia de la Unión Europea, que las entidades de crédito, lejos de actuar del modo legalmente exigible, permitiendo que sus clientes conocieran a priori el tipo de préstamo hipotecario que iban a suscribir, ofrecieron una información incompleta, engañosa y sesgada, la cual indujo a la mayoría de los clientes ahora deudores de dichas hipotecas, a contratarlas sin poder comprender el verdadero contenido, el riesgo, y el alcance de la misma.

El Tribunal de Justicia de la Unión Europea falló –primero, en abril de 2014 y después, otra vez, el pasado 20 de septiembre de 2017- que todas las hipotecas multidivisa vendidas sin haber informado adecuadamente de los riesgos del producto a los consumidores que carecían de conocimientos financieros, debían considerarse nulas por abusivas y que, por tanto, los afectados podían recuperar su dinero. En el mismo sentido se ha pronunciado el Tribunal Supremo de nuestro país, con dos sentencias que concluyen que las hipotecas en yenes o en francos suizos, por poner los dos ejemplos más comunes, eran un derivado financiero, lo que obligaba al banco a dar una información exhaustiva antes de comercializarlas.

Ahora se puede al fin establecer cuándo debe asumir el banco las pérdidas de un consumidor por haberle vendido un producto inadecuado para clientes sin los conocimientos suficientes. “La clave es que se vendió un tipo de producto complejo a clientes que carecían de los conocimientos financieros necesarios”

Por tanto, habiéndose el Tribunal Supremo manifestado al respecto, un altísimo porcentaje de los afectados podrá reclamar y recuperar lo pagado de más a los bancos con estas hipotecas abusivas.

El Tribunal de Justicia de la Unión Europea falló –primero, en abril de 2014 y después, otra vez, el pasado 20 de septiembre de 2017- que todas las hipotecas multidivisa vendidas sin haber informado adecuadamente de los riesgos del producto a los consumidores que carecían de conocimientos financieros, debían considerarse nulas por abusivas y que, por tanto, los afectados podían recuperar su dinero. En el mismo sentido se ha pronunciado el Tribunal Supremo de nuestro país, con dos sentencias que concluyen que las hipotecas en yenes o en francos suizos, por poner los dos ejemplos más comunes, eran un derivado financiero, lo que obligaba al banco a dar una información exhaustiva antes de comercializarlas.

Ahora se puede al fin establecer cuándo debe asumir el banco las pérdidas de un consumidor por haberle vendido un producto inadecuado para clientes sin los conocimientos suficientes. “La clave es que se vendió un tipo de producto complejo a clientes que carecían de los conocimientos financieros necesarios”

Por tanto, habiéndose el Tribunal Supremo manifestado al respecto, un altísimo porcentaje de los afectados podrá reclamar y recuperar lo pagado de más a los bancos con estas hipotecas abusivas.

Con todo esto, si usted está afectado por una hipoteca en yenes o en francos suizos (o en cualquier otra divisa), tiene muchas posibilidades de recuperar su dinero. Gracias a las últimas sentencias que especifican que había un desequilibrio en el nivel formativo de las partes, así como un ocultamiento deliberado de los peligros que dichas hipotecas podían acarrear, puede reclamar y recuperar su patrimonio.

 

LEAN cuenta con un gabinete experto en hipotecas. Nuestro despacho, con presencia en toda España, está especializado en hipotecas y, particularmente, en hipotecas en divisas. Llevamos mucho tiempo preparando el procedimiento para recuperar su dinero.

 

Contrate un buen bufete de abogados, experto, serio, profesional y con experiencia y recupere su dinero.

Con todo esto, si usted está afectado por una hipoteca en yenes o en francos suizos (o en cualquier otra divisa), tiene muchas posibilidades de recuperar su dinero. Gracias a las últimas sentencias que especifican que había un desequilibrio en el nivel formativo de las partes, así como un ocultamiento deliberado de los peligros que dichas hipotecas podían acarrear, puede reclamar y recuperar su patrimonio.

 

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