El preconcurso de acreedores ¿Qué es y para qué sirve?

10 enero, 2019
¿Qué es un preconcurso de acreedores? ¿para qué sirve? ¿que ventajas y desventajas plantea y cuánto tiempo requiere? Todas las claves.
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Comencemos por explicar lo fundamental: ¿Qué es un preconcurso de acreedores? En realidad, no más que una prórroga o periodo de gracia que la ley concede a las empresas que están a punto de entrar en concurso para que tengan una última oportunidad de reconducir su situación antes de la intervención judicial.

1. El artículo 5 de la Ley Concursal

Esta figura cobra especial sentido ante la redacción del artículo 5 de la Ley Concursal, que establece que “el deudor deberá solicitar la declaración de concurso dentro de los dos meses siguientes a la fecha en que hubiera conocido o debido conocer su estado de insolvencia”. Dada la rigidez del plazo y la dificultad de establecer con precisión esa “fecha en la que hubiera conocido o debido conocer…”, la propia Ley Concursal contempla  en su artículo 5 bis la posibilidad de que una empresa en situación de insolvencia disponga de un último plazo para renegociar con sus acreedores y alcanzar un nuevo acuerdo de financiación.

2. ¿Cuánto tiempo dura el plazo de un preconcurso de acreedores?

En la práctica, de cuatro meses, porque la ley concede tres meses a la empresa para lograr el acuerdo con los acreedores y, una vez finalizado ese periodo y si no se logra el convenio, la empresa insolvente tiene otro mes más para presentar al juzgado la solicitud de declaración de concurso.

Durante estos cuatro meses de preconcurso, la justicia no interviene en el devenir de la empresa para prácticamente nada, sólo para dejar constancia de la comunicación de preconcurso hecha por el deudor. Éste es sólo uno de los efectos de la declaración. Otro, aún más relevante, es que bloquea posibles solicitudes de declaración de concurso necesario por parte de sus acreedores, puesto que la comunicación del preconcurso suspende precisamente la obligación de presentar el concurso por parte de la empresa que se enfrenta a la situación de insolvencia.

Por otro lado, esta prórroga da tiempo a los administradores de la compañía para intentar llegar a acuerdos preconcursales con los acreedores, de modo que pueden incluso conseguir una propuesta anticipada de convenio y, por tanto, agilizar el procedimiento concursal si éste llega a producirse.  Además, al contrario de lo que sucede en el concurso de acreedores, en el preconcurso la situación de la empresa no tiene por qué hacerse pública, de manera que –si el deudor solicita formalmente que se otorgue el carácter de ‘reservada’ a la comunicación del preconcurso- su imagen y reputación quedan intactas de cara al exterior

Todo lo anterior se produce, por cierto, sin ninguna alteración en la actividad habitual de la empresa, que puede mantener a sus órganos de administración y dirección ejerciendo con plenas facultades sin que intervenga en absoluto el administrador concursal que inevitablemente debe tomar el mando de una compañía en caso de concurso de acreedores.

3. Ventajas y desventajas

Todas estas ventajas harían de la figura del preconcurso de acreedores una opción sumamente atractiva si no fuera por una salvedad: que, tal y como está articulada la norma, la comunicación del preconcurso no impide a los acreedores iniciar individualmente sus reclamaciones -normalmente por vía cambiaria- para intentar situarse a la cabeza de quienes van a acceder a los bienes de la sociedad llegado el momento del concurso.

Y eso precisamente es lo que sucede más frecuentemente cuando una empresa en dificultades comunica a la justicia un preconcurso, que los acreedores se abalanzan sobre ella para intentar cobrar algo antes de su liquidación total y que, en esa operación, el preconcurso de acreedores se convierte en una trampa mortal para la sociedad en lugar de en el salvavidas que debería ser.

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