Seleccionar página
  • inicio
  • blog
  • 2018
  • 05
  • 28
  • herencia yacente
  • La herencia yacente

    La herencia yacente: administración, acreedores e impuestos

     

    Cuando una persona fallece es necesario llevar a cabo una serie de trámites para que los bienes que figuran a nombre del difunto pasen a ser propiedad de los herederos. El periodo de tiempo que media desde el fallecimiento del causante hasta la aceptación formal de la herencia por parte de los herederos -ya sea tácita o expresa- se conoce con el nombre de “herencia yacente”. Si bien es cierto que esta figura no viene regulada de forma específica en el Código Civil (“CC”), el artículo 1934 sí se refiere a ella al tratar la prescripción de la herencia.

    Durante ese lapso de tiempo que hemos mencionado, el patrimonio del difunto se encuentra sin titular. Ésta es, precisamente, la característica principal de la herencia yacente. Se trata de una situación transitoria cuya finalidad no es otra que dar continuidad al patrimonio hereditario mientras se determina quiénes son los titulares de la herencia.

    La primera dificultad que plantea esta situación de ‘yacencia’ de la herencia es la administración y custodia de los bienes y derechos del caudal hasta el momento de aceptación por parte de los herederos, pues es necesario que alguien se encargue de esas tareas de gestión. ¿A quién se le encomienda esta función de administrar la herencia yacente? Normalmente, es el propio testador el que nombra a un albacea -albacea testamentario- encargado de administrar los bienes de la herencia, teniendo éste todas las facultades que expresamente le haya conferido el propio testador siempre que no sean contrarias a las leyes (artículo 901 CC). El testador puede designar uno o varios albaceas y, en este supuesto, puede determinar también que actúen solidaria o mancomunadamente.

    En términos generales, las principales funciones del albacea son administrar y abonar el funeral del testador conforme a lo acordado en el testamento, vigilar que se cumplan todas las disposiciones testamentarias y tomar las medidas necesarias para conservar los bienes de la herencia.

    En caso de que el testador no nombrase a nadie en el testamento, los llamados a la herencia -esto es, los propios herederos- serían los encargados de administrar el caudal hereditario. Lo mismo sucedería si el albacea testamentario no hubiera aceptado el cargo o se hubiese extinguido el albaceazgo. Hablamos en este caso del albacea legítimo y, tal y como dispone el artículo 994.4 CC,  la mera conservación o administración del caudal por parte del heredero que actúa como albacea no implica la aceptación de la herencia si con sus actos no toma el título o la calidad de heredero.

    Por último, el juez puede, de oficio o a instancia de parte, ordenar la intervención del caudal hereditario y disponer lo que proceda sobre su administración. El artículo 1.020 CC es claro en este sentido al señalar que: “en todo caso, el juez podrá proveer a instancia de parte interesada, durante la formación del inventario y hasta la aceptación de la herencia, a la administración y custodia de los bienes hereditarios con arreglo a lo que se prescribe para el juicio de testamentaría en la LEC”.

    Del mismo modo, y centrándonos ahora en el nombramiento del albacea de oficio, el artículo 791 de la Ley 1/2000, de 7 de enero, de Enjuiciamiento Civil (“LEC”), concede al juez la facultad de nombrar a un albacea cuando el causante fallece sin haber otorgado testamento o ante la inexistencia tanto de albacea testamentario como legítimo.

    Otro de los principales problemas que puede suponer la herencia yacente es el hecho de determinar si los acreedores de una herencia tienen que soportar esa situación de patrimonio sin titular. La jurisprudencia del Tribunal Supremo admite que una herencia yacente puede ser demandada y, debido a la interinidad en su titularidad, impone la necesidad de que haya personas encargadas de su administración con facultad para actuar en distintos procesos judiciales. En este sentido, el artículo 6.4 LEC establece que las masas patrimoniales, como la herencia yacente, tienen capacidad para ser parte en los tribunales, compareciendo a través de sus administradores. Esto significa que los acreedores del fallecido pueden ir contra la herencia yacente. Es decir, que el hecho de que la herencia no esté repartida no impide que los acreedores reclamen su deuda.

    En este sentido, y dado que la herencia yacente es la titular de los bienes y derechos hasta la aceptación de la herencia, también lo es de las obligaciones; por ello, para proteger y garantizar sus créditos, la LEC reconoce a estos acreedores diferentes vías de actuación en los apartados 3, 4 y 5 de su artículo 782:

    –   Tanto los acreedores de la herencia yacente como los coherederos pueden ejercitar en un juicio las acciones que les asistan, sean contra la herencia o contra otros coherederos (aunque no pueden pedir la partición de la herencia).

    –   Los acreedores que tengan su derecho reconocido por el testamento, por los propios herederos, o documentado en un título ejecutivo pueden oponerse a que se lleve a cabo la partición hasta que se les pague o afiance el importe de sus créditos.

    –   Los que sean acreedores de algún coheredero pueden intervenir en su costa en la partición para evitar que esta se haga en fraude o perjuicio de sus derechos; sin embargo, una vez más, no pueden pedir la partición de la herencia.

    Otro problema que puede plantearse a este respecto es que la herencia yacente sea declarada en concurso en caso de no ser suficientes los bienes de la herencia yacente para pagar sus deudas. Cuando esto ocurre se sigue el procedimiento previsto en la Ley 22/2003, de 9 de julio, conocida como “Ley Concursal”. Su artículo 3.4 dispone que podrán solicitar la declaración de concurso de la herencia los acreedores del deudor fallecido, los herederos de éste y el administrador de la herencia, siempre que no haya sido aceptada la herencia pura y simplemente. La petición formulada por un heredero producirá los efectos de la aceptación de la herencia a beneficio de inventario.

    Por último, ¿existe la obligación de pagar impuestos tras el fallecimiento de una persona? Efectivamente, en primer lugar es obligatorio satisfacer el Impuesto de Sucesiones y Donaciones dentro de los 6 meses siguientes al fallecimiento, si bien se puede presentar prórroga por un heredero, albacea o administrador durante otros 6 meses. En segundo lugar, de conformidad con lo dispuesto en el artículo 35 de la Ley 58/2003, de 17 de diciembre, General Tributaria (“LGT”), tienen la consideración de obligados tributarios, entre otros, las herencias yacentes. En este sentido, y mientras la herencia se encuentre yacente, el cumplimiento de las obligaciones tributarias del causante corresponderá al representante de la herencia yacente, por lo que la declaración de IRPF correspondiente al causante deberá ser practicada por su representante en el plazo correspondiente, y con él se entenderán las liquidaciones tributarias y demás actuaciones administrativas. Por supuesto, las liquidaciones podrán ser satisfechas con cargo a los bienes de la herencia yacente.

    Paula de Teresa y Guadalupe Fernández-Blanco

    LEAN Abogados

     

     

     

    900 102 722

    Llamada gratuita 

    09:00 – 20:00 (L – V)

    Sede Central

    C/ Antonio Maura, 16. 28014 Madrid.

    CONTÁCTENOS

    Pida cita gratis y sin compromiso









    Share This